¿Cómo te lo digo mejor? Todo tiene, por fortuna, vuelta. A ti.

Tanto...

Un desliz

Casi inocente pero, sabes, alguna vez, no sé muy bien por qué, me acuerdo de ti. Lo hago y me hace sonreír. Prácticamente te añoro, tierno y amargo.
[…]
A estas alturas del partido, supongo que eso tampoco me lo puedo permitir… pero qué importa si hay ocasiones en que me subes desde la comisura de mis recuerdos hasta lo profundo de mi boca.

Milagros que suceden todos los días… ¡y no lo soñe!

Pero hoy, hoy fue día de milagro. Porque, en lo inesperado, cuando estaba siendo un día olvidable y obviable en cualquier crónica vital, día ceniciento que nadie anota en ningún lado, entonces, ¡ahí! Un giro, un quiebro inesperado y te pasmas.

Como le decía, es que sin saberlo, sembramos el futuro y entonces todos los dioses en los que no crees se ponen de tu parte. Era un milagro pequeñito, tal vez, pero tan, tan extraordinario, que la indiferencia se hubiera quitado el sombrero si no fuera tan maleducada como para no reconocer lo  usar chapeo en estos tiempos que corren sigue siendo de buen tono.

Yo sé que ustedes no deben de entenderme, familiares y amigos, pero tampoco importa mucho. En el caso improbable de que ni siquiera yo me entienda, ahora era importante decir que se obró una de esas minúscilas maravillas que no aparecen en los libros, en las grandes historias ni en los malos noticiarios. Una de esas que nadie apostaría porque fueran a trastocar el curso del Universo pero que, sin lugar a duda, hacen que el curso de los astros, de los alientos, del viento del tiempo palpitándote muy dentro Sea.

Lo minúsculo significa tanto: es Todo. Y yo no puedo estar más agradecido y acaso menos capacitado para demostrarlo que mientras tecleo.  Sin embargo, vale por una sonrisa y por el flujo del segundo que me condujo hasta el que vino después, y al otro, y al otro… y al que se ha diluido y al que está llegando ahí a lo cerca.  Me apasionan estas fantásticas y mínimamente todopoderosas causalidades y me quito el sombrero ante usted (por supuesto que yo sí lo uso).

Gracias.

Santos Isidro Seseña, la Banda de Moebius o alguna que otra historia sobre el Tiempo, el Azar y la Causalidad

Gentes, familiares y amigos, subía ayer para casa y volvió a rondarme, como ha ido ocurriéndome desde que tenía unos quince o dieciseis años, cierto fragmento de un poema que, si no fuera porque Robe Iniesta lo rescató para aquella canción de Extremoduro “Salir“, hoy casi nadie lo recordaría.

Va así:

“Para algunos la vida es galopar un camino
empedrado de horas minutos y segundos,
y yo, más humilde soy, y sólo quiero
que la ola que surge del último suspiro
de un segundo, me transporte mecido hasta el siguiente.”

Seguro que les suena si, como tantos, en esos añitos los temas de “Extremo” fueron parte del día a día. Yo conocí estos versos a través de ahí, en uno de aquellos veranos en el pueblo. Desde entonces han ido volviendo a mí recurrentemente cada cierto tiempo, uno no sabe muy bien por qué razones, pero siempre ha tenido un significado importante. Más adelante descubriría que, por el motivo desconocido que sea, tiene que ver mucho con la consciencia y con la capacidad de hacer magia. Por eso último me dirán ustedes que me volví loco y que el agua de Tenerife o algo de eso me está dejando el cerebro fatal. Pero deberían saber que siempre he estado convencido de que lo insólito, lo extraordinario y aparentemente inexplicable es más que posible, que ocurre todos los días y que, además de ser hermoso, muy a menudo, está en nuestra mano materializarlo.

Esos versos que me han venido ha visitar, como ya sabrán de antiguo o habrán podido comprobar en Internet-que-es-un-chivato-y-todo-lo-sabe, pertenecen a un tal Santos Isidro Seseña. Que los publicó en un modesto librito llamado “La mala gana”, allá por 1978… y poco más. Hoy por hoy es prácticamente imposible localizar ninguna información sobre este tipo ni sobre el libro ni sobre quiénes lo editaron, unos tales “La banda de Moebius”, con la impresión de Luis Manuel Rodríguez. Hace no tanto tuve la increíble suerte por uno de estos golpes del azar – o del encontrar sin saber que buscas – de descubrir algunas claves al respecto de todo este misterio. El libro apareció en una montonera en una librería de Madrid, en la Plaza de Chueca y tuve la oportunidad de regalarlo. A partir de eso supimos que esto de “La banda de Moebius” había sido una iniciativa independiente y bastante subversiva de promoción cultural en esos años azarosos, llevada adelante por varios amiguetes estudiantes en su mayoría, con mucho de descaro, de apuesta creativa y también de humor. Al final resultó que de algún modo me vi lejanamente conectado en mis relaciones personales con uno de los miembros de aquel proyecto y, por cosas como estas, descubres que el Caos no lo es tanto y también tiene un sentido. Me sentí feliz por todo ello, igual que por cuanto pasó en aquellos días.

En cuanto a Santos Isidro Seseña, pues en fin, hasta donde he podido saber, no llegó a ver la prensa más obra suya que aquélla, en una edición fancinera y clandestina por la que estoy seguro que hoy más de un coleccionista pagaría. Eso ya lo convertiría en una especie de poeta maldito aunque también el contenido de sus versos tiene bastante de eso. Mucho amargo, mucha emoción cruda, descarnado y directo. Lo recuerdo urbano y actual, hablando de amor y desenfreno, de drogas y del tiempo… y de quiénes somos.

Hubiera estado bien haber conseguido un ejemplar para uno pero posiblemente el cierre de un círculo como ese requería que aquél fuera un regalo que hacer. Por tanto no puedo contarles muchas más cosas directas ni reproducirles nada sobre el contenido del libro. Es otra de tantas experiencias que, dirán, se perderán como aquellas lágrimas en la lluvia. Pero también está bien que las cosas fueran como fueron y el recuerdo, en cualquier caso, queda. También por ello yo hoy se lo comparto, pensando que, aun deformado, así no se terminará de perder. Pero, más todavía, porque aquella semilla, en el origen, en una canción de “Extremoduro”, sigue viva y regresando periódicamente, anunciando tiempos extraordinarios.

P.D.: Me gusta esa homérica sensación de mecerme en las olas del tiempo, recreándome en cada instante. Sin embargo, por más que nos muevan, yo digo que cabalgamos, sobre los caballos de Poseidón, atreviéndonos a llevar las riendas. Incluso, algunos, volamos.

Sendas de Oku (Basho)

“Los meses y los días son viajeros de la eternidad. El año que se va y el que viene también son viajeros. Para aquellos que dejan flotar sus vidas a bordo de los barcos o envejecen conduciendo caballos, todos los días son viaje y su casa misma es viaje. Entre los antiguos, muchos murieron en plena ruta. A mí mismo, desde hace mucho, como girón de nube arrastrado por el viento, me turbaban pensamientos de vagabundeo. ”

Y en eso andamos.

Verdad no revelada

Las cosas son como son, no como querríamos que fueran. Simple, llano, pragmático. No somos quienes quisiéramos ser sino quienes somos. Demoledor. 

Puede ser algo descorazonador darte cuenta que al final no hay cuentos de hadas, que la magia tiene un color algo distinto con la primera luz de la mañana, que todo es un poquito más feo, más duro y más cruel cuando abrimos los ojos. No obstante, es bueno saber que es así.

Sabes a lo que atenerte sin hacerte muchas ilusiones. Sabes que se miente, se engaña, se oculta, se hiere, se daña… y que tú también formas parte de ello. Sabes y duele, pero sabes. No exhorciza fantasmas pero ayuda a vivir con ellos (y con uno mismo). Se intenta, se hace lo que se puede, pero no se espera a nada y se va un poco más ligero de equipaje.  

No somos héroes, ni santos, ni mártires. Los grandes ideales se venden al peso, las grandes promesas se subastan en almoneda. Todo es más simple y despiadado pero también es verdadero. Nadie dijo que la verdad fuera a gustarnos, claro.

“Nunca es triste la verdad. Lo que no tiene es remedio”. Pero, ya que es lo que hay, puestos a ser como somos, por lo menos que sea verdad. Desgarradoramente de verdad, apasionadamente. Sinceramente. Sería una buena y pragmática idea.

 

Pobieda!

Costó. Cuatro años después más otro en el que empezó la aventura. Ha cambiado casi todo, nos hemos caído de un montón de caballos, nos hemos decepcionado, nos hemos vuelto a levantar y a ilusionar.
Pero al final llegó, que parecía que no iba a pasar nunca. Después de este último gran empujón este año, al fin el libro. Acaba de llegar la noticia de que está impreso y anunciado ya en la web de la Sociedad Española de Estudios Medievales.

http://www.medievalistas.es/?q=node%2F498

El esfuerzo al final ha merecido mucho la pena y hay una larga lista de personas a la que agradecer todo el apoyo y la fidelidad por creer en esto y ayudar a sacarlo adelante. Aún no lo he visto impreso ni lo he tocado pero ya de por sí es emocionante. Merecía la pena que este libro saliera, por las personas que contribuyeron con sus trabajos a él, por las personas que se han esforzado en que se pusiera negro sobre blanco. Y también por mí mismo, para qué lo voy a negar.

Todas las etapas se van cubriendo, poco a poco, progresivamente. Hasta en los momentos más difíciles se encuentran motivos para seguir adelante y de esos momentos es de los que más se aprende, donde uno se templa y se forja. Es un paso más y un paso menos. Hay que seguir dándolos.

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